Robe deja su estela de filosofía musical en Gran Canaria

Redacción: Rubin Pérez Estudiante de Periodismo y Comunicación Audiovisual UFPC.

Robe y compañía presentan su gira Ahora es cuando, una fusión de ambos discos conceptuales La Ley Innata del 2008 y Mayéutica del 2021. Un espectáculo visual y sonoro que dejó huella en la capital grancanaria.

Fuente: Marca Entradas

Después de quince años, Roberto Iniesta, vuelve a la isla en su gira como artista solitario. Llena la pista, sin ya restricciones Covid, y hace “bailar como putas locas” a todo el público. La gira “Ahora es cuando” deja tras de sí grandes clásicos como “Tango suicida” y nuevas incorporaciones como “Ininteligible”, un single del álbum venidero.

La primera parte del concierto fue un calentamiento de motores   . Se interpretaron temas de Lo que aletea sobre nuestras y Destrozares: Canciones para el final de los tiempos y mientras se intercalaban con otros más antiguos como “Buscando una luna” o el segundo movimiento de La Ley Innata.

Los artistas al final del concierto. De rojo y abrazando a sus compañeros, Robe. Fuente: Rubin Pérez

El cantante regaló poemas recitados delante del micro y otros punteados con la guitarra. David Lerman, acompañó tocando el bajo y el saxofón a la vez, a la vez que saltaba, se tiraba al suelo y conquistaba a todos los fans con sus solos. La difícil tarea de abrir el concierto la llevaron a cabo Carlitos Pérez al violín y Lorenzo González con la guitarra, en lo que se asemejó a un “suspiro acompasado”. El teclado mantuvo las melodías principales en los dedos de Álvaro Rodríguez Barroso.

La segunda parte arrancó con la interpretación al completo de Mayéutica, el álbum que no tiene fin, al cual le dieron un cierre inédito. Después del pogo, que se intensificaba con cada nuevo movimiento, Robe dejó una de las mejores reflexiones de la noche “Sois libres de hacer lo que queráis, pero que no os pillen”.

Tras tres horas de puro rock y poesía, los aplausos y los puños alzados dominaron la escena. Los bises, después de unos minutos de espera, fueron gritados por el Gran Canaria Arena. “Salir”, “A fuego” y “Ama, ama, ama y ensancha el alma” fueron la guinda del pastel, tres himnos que reivindican la fiesta, la pasión y el amor.

Un triple de emoción en el Gran Canaria Arena

La semana pasada los alumnos de periodismo nos echamos a la calle con el fin de grabar noticias para el Informativo que cada grupo está preparando para la asignatura de Fuentes Documentales. El grupo al completo fuimos con nuestra docente Sima González que nos enseñó lo que es trabajar en la calle en esta profesión.

Uno de los lugares donde se nos permitió grabar y que más ilusión me hacía visitar, como buen fan y practicante de este deporte, fue el Gran Canaria Arena, donde el Herbalife Gran Canaria disputa sus partidos.

El estadio ya me había acogido anteriormente en uno de sus asientos situados en la grada. Sin embargo, esto no se puede comparar con el hecho de estar a pie de pista y pisar ese parqué en el que han rechinado las zapatillas de los mejores jugadores del mundo. Es una sensación completamente diferente, uno mira a su alrededor desde el centro de la cancha y vislumbra los más de 9.000 asientos, incapaz de hacerse una idea de lo que significa jugar en un estadio como ese.

Nublado por la magia del momento y con una ilusión semejante a la de un niño cuando le compran una pelota nueva, no pude evitar preguntarle a uno de los encargados del entrenamiento del equipo si me permitiría lanzar un tiro. Muchos de mis compañeros se quedaron atónitos cuando les propuse la idea, no me creían capaz de acercarme y formular la pregunta. Lo cierto es que, al principio, yo tampoco me creía capaz de ello, pero subestimé mis sentimientos por el baloncesto. Más se sorprendieron cuando el encargado articuló “de acuerdo, pero solo uno, que en nada tenemos una visita”.

Con manos temblorosas agarré uno de los balones del carrito y me situé en el triple para efectuar mi tiro. Es curioso, la canasta me parecía mucho más cercana de lo que aparentaba en televisión. Con los nervios a flor de piel por lo que suponía ese momento para mí, incliné las rodillas, tomé impulso, y salté a la vez que sentía como liberaba el cuero del balón de mis dedos. Toda esa magia que me había envuelto hasta ese momento se desvaneció con un frío y duro “clonk”. Había fallado mi primer tiro en el Gran Canaria Arena. Aunque… ¡la esperanza es lo último que se pierde! ¿Quién sabe? Tal vez ese no sería mi primer y último lanzamiento en ese estadio.

¡El próximo lo meteré!

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Javier Estupiñán Casimiro, Estudiante del Doble Grado de Periodismo y Comunicación Audiovisual.